082. Un regalo placentero



En el mundo en que estamos sumidos hay diferentes cosas que nos estimulan y siempre estarán presentes por más que tratemos de alejarlas. Este relato es una muestra de aquello que se describe como parafilias, espero que no me juzguen por intentar llevarles un relato totalmente diferente a los que ya han leído.

La muerte de mi madre me tenía muy afectada. No quería salir con mis amigas, a pesar de sus constantes invitaciones para salir a divertirnos; ya no era la misma chica alegre y divertida de antes. Mi padre trataba de motivarme para que saliera y me distrajera un poco, pero sus esfuerzos tan dulces eran en vano. Yo no quería saber nada de nadie. Solo quería vivir mi dolor y poder llorar a mi madre y dejar salir todo mi sufrimiento mediante aquellas lágrimas.

Un día después de salir de la Universidad mi padre me tenía una gran sorpresa en casa. Él no estaba yendo a trabajar porque lo obligaron a tomar sus vacaciones ya que nunca las quería aceptar, tal vez porque el trabajo le ayuda a distraer un poco su mente de tanto dolor. Cuando entre a la casa mi padre me dijo: "Cierra los ojos, te preparé una gran sorpresa para alegrarte un poco mi amor". "No necesitabas traerme nada papito, estoy bien de verdad" —le dije. "No protestes y solo cierra los ojos" —dijo sonriendo levemente, como tramando algo. "Está bien, lo haré" —contesté.

Mi padre fue al patio trasero apresuradamente y yo mantenía mis manos cubriendo mis ojos. "Aquí está chiquita" —dijo sonriendo. Quité las manos de mis ojos y los abrí completamente. "No puedo creerlo papito" —dije con una gran sonrisa dibujada en mi rostro. "¿Te gusta pequeña? Lo compre para ti, espero y lo cuides y lo quieras mucho" —me dijo. Era un gran perro pastor alemán, era muy cariñoso y me besaba la cara como loco mientras yo estaba sentada a su lado. "Me encanta papito, muchas gracias" —le dije mientras le daba un beso en la mejilla. Yo le había comentado a mi padre en ocasiones que me moría por tener una mascota, y que siempre me habían gustado los perros pastor alemán. Este en particular ya era un adulto pero era muy muy cariñoso. Había pertenecido a unos vecinos muy amables pero tuvieron que venderlo porque se cambiaban a un apartamento y ahí no permitían mascotas. La verdad era muy triste que ellos tuvieran que separarse de él. Pero a la vez era una felicidad inmensa para mí. Desde ese día me prometí que lo cuidaría y consentiría mucho.

Cada día después de terminar mis tareas, lo sacaba a pasear y hacer ejercicio. Jugábamos mucho en el parque con un frizbee que le encantaba y una pelota de tenis que ya estaba muy opaca por la tierra y su saliva. Pluto, como le había puesto, nos daba mucho cariño a mi padre y a mí, que tanto lo necesitábamos. Era un fiel compañero y aliado. Cuando mi padre regreso de sus vacaciones prácticamente obligadas, empecé a quedarme de nuevo sola todas las tardes. Mi padre y mi hermano, por su trabajo, no regresaban a comer a medio día y yo comía sola después de la universidad. Mi padre en ocasiones se preocupada y me llamaba de vez en cuando para ver cómo estaba. A mi hermano no le importaba en lo más mínimo.

Todas las tardes Pluto, era mi acompañante. Se sentaba al lado de mi cama mientras yo hacía mis tareas. Esperaba afuera del baño mientras me duchaba. Comía a mi lado mientras yo lo hacía. Éramos inseparables. Sentía que podía estar con él de maneras que no podía estar con mis amigas. La verdad era un muy buen perro que hasta el día de hoy lo extraño. Un día que hacía mucho calor me encontraba haciendo tareas después de haber comido. Mi perro estaba en el patio porque había estado orinando toda la casa y no quería que manchara el piso porque acababa de trapearlo. Tenía más de media hora haciendo unos trabajos para la universidad cuando empecé a escuchar una rascadera increíblemente fuerte en la puerta del patio. Pluto estaba como loco chillando y rascando la puerta con las patas delanteras como si se lo quisiera comer un oso. Yo algo molesta bajé para ver qué era lo que tenía y calmarlo un poco. La verdad era que solo quería entrar para esta conmigo, no tenía nada, ni se había lastimado, ni tenía hambre o sed. Solo me extrañaba. Lo dejé entrar, no sin antes limpiarle bien todas sus patas. Él se puso como loco y entro rápidamente a la casa.

"Ni se te ocurra subirte a los sillones" —dije reprimiéndolo un poco. Él agacho las orejas y camino más despacio. Era un perro algo consentido y por eso si no teníamos mano firme se portaba muy mal. Subimos al segundo piso de la casaa, él me seguía detrás como si fuera aun un cachorrito y entró a mi cuarto. Eran más o menos las 4 de la tarde y todavía tenía más de 4 horas a solas en la casa.

Esa semana tenía mi periodo. Ya me había cambiado la toalla sanitaria en la mañana, pero tenía un fluido abundante y cuando me pasaba así normalmente tenía que cambiarla dos veces por día. En ese tiempo no eran tan buenas como ahora y tuve que hacerlo como ya había previsto. Fuí al baño y la cambié. Cuando regresé mi perro estaba encima de mí. Acercó de repente su hocico olfateando mi entrepierna desesperadamente. "¡Quítate perro cochino!" —dije empujando su cabeza lejos de mi vagina, cubierta solo por mis pequeños shorts de algodón, color amarillo. Él se quitó pero de inmediato metió su cabeza entre mis piernas de nuevo. Yo lo empujaba para que no me incomodara pero lo que había entre mis piernas le interesaba demasiado.

"¿Qué es lo que te pasa hoy Pluto?" —le pregunté. Comenzó a tratar de lamerme encima de la ropa y yo estaba atónita con lo que estaba ocurriendo. Mi perro estaba tratando de lamer mi vagina. Ya estaba totalmente seca, pero el olor era lo que lo estaba volviendo loco. El olor de mi menstruación hacía que su instinto se despertsrs. Su respiración era agitada, como si hubiera estado jugando en el parque por horas y brincaba encima de mí echándome sus patas encima de mi espalda como si quisiera derribarme. Estuvo así por algunos minutos y después ví algo que me sorprendió, algo que nunca había visto en un animal, al menos a esa corta edad. Su miembro rojizo y muy grande se asomaba de entre su pelaje. Era largo y de una forma muy extraña, nada parecida a la de un humano. Tenía una forma muy peculiar y parecía estar goteando una sustancia transparente y babosa. Su glande tenia forma de punta y parecía estar muy lubricado. Algo de mi despertó. Un lado salvaje que no conocía. Mi pecho sentía el latir de mi corazón. Mis ojos no podían separarse de la vista de aquel miembro bestial, tan puro y salvaje. Por un momento, pensé que estaba así por mí, porque deseaba que fuera suya. Unos minutos antes me había querido montar como si fuera una perra en celo. Me dije: "Porque no satisfacer su deseo, yo también necesito sentirme deseada, sentirme amada por alguien".

Me quité la blusa y los shorts quedando mi cuerpo desnudo y sudoroso frente a mi perro. Pluto se acercó de nuevo a mi vagina y esta vez como si fuera el plato más delicioso de agua fresca, comenzó a lamerme como loco. Yo no podía creer lo que estaba haciendo. Estaba dejando que mi mascota me diera placer. Yo sujetaba su cabeza peluda con mis manos mientras su áspera y jugosa lengua recorría mi vagina salvajemente. Mi cuerpo temblaba, mi piel se erizaba y mordía mis labios reteniendo el placer que mi perro me causaba. "No pares chiquito, sigue así, has que mamita tenga un orgasmo" —dije dominada por la lujuria. Él seguía lamiéndome con desesperación y yo gozaba con locura. Me cansé de estar parada y lo detuve por un momento. Me recosté boca arriba y él se quedó mirando desde el piso de la habitación. Me golpee la vagina dos veces levemente y le dije: "Ven chico, ven". De un salto subió a la cama y comenzó a comerme la vagina con dedicación de nuevo. Cada lengüetazo hacía crecer más y más mis pezones que estaban ya erectos y duros. Mis voluminosos senos se movían y danzaban al ritmo de los lengüetazos de mi perro. Yo acariciaba su cabeza mientras el recostado en la cama no dejaba de lamer.

De pronto pude sentir esa marea desbordarse en mi interior y grite: ¡Pluto!". Mi vagina se estremeció y un terremoto se desato en todo mi cuerpo. El maremoto de mi orgasmo emergió de mi vagina. Mi eyaculación cubrió a mi perrito por toda la cara y el sacaba su lengua tratando de lamerla como si fuera agua, saboreándola sin saber realmente que era lo que bebía. Yo temblaba incontrolablemente y con los ojos cerrados. Había tenido mi primera experiencia sexual con un animal, en ese mismo instante comenzó un idílico romance que mantuvimos escondido por mucho tiempo, ya que siempre al llegar de la universidad estaba hay para darme el placer que necesitaba después de las largas horas de estudio.

Un día al llegar a casa algo cansada, había sido un día intenso, de esos que pasan lento cuando lo único que quieres es que acabe pronto. Ya en casa, recuerdo me desnudé completa, me tumbé sobre la cama y el pervertido de mi hermano estaba mirando, él pensaba que no lo veía pero el reflejo del espejo lo delataba. Dije para mis adentros: "A ver pervertido muéstrame de lo que eres capaz". Me empecé a tocar lentamente insitando al pervertido a que hiciera lo mismo, lo maticé con pequeños gemidos que de a poco se hacían incontenibles, mientras él jadeaba descontrolado. No puedo negar que me calentaba como mi hermano se masturbaba mirándome. Estaba deseosa de que Pluto apareciera y me invadiera con su lengua para disfrutar de un placentero orgasmo y regarle al sicópata pervertido de mi hermano un momento que jamás podría quitar de su cabeza.

Después que mi querido hermano acabó profusamente en su mano y fue a lavarse al baño, me levanté envuelta con una toalla, lo encontré en el pasillo y me miró nervioso ya que aún la hinchazón de su verga no había disminuido. Pasé pegándome a él y sentí como su bulto se deslizó por mis nalgas. ¡Por Dios! ¡Qué puta soy, lo disfruté! La sensación fue intensa, un tanto sucia pero placentera; ahora tenía ganas de volverme la perra de Pluto. Salí al patio a buscarlo, cuando me vió corrió hasta donde estaba y comenzó a oler mi entrepierna, el olor era familiar y probó mis fluidos impregnados en mi sexo. "¡Oh, querido Pluto llegó tu hembra para satisfacerte!" —le dije mientras acariciaba su cabeza que se perdía entre la toalla. Lo llevé a la habitación, dejé la puerta entreabierta para que el cerdo de mi hermano observara con detalle el espectáculo que tenía preparado para él. 

Dispuesta y entregada a los instintos bestiales del animal me tumbé en la cama, mi perro se paseaba jadeante a la orilla de la cama. Empecé a masturbarme y a gemir sabiendo que escucharía mi hermano. El muy caliente no tardó en llegar aunque imagino que la sorpresa fue grande al ver a Pluto en la orilla de la cama, igual creo que le calentó la idea porque no sentí que se fuera ni que hiciera notar su presencia. Creo que se quedó petrificado mirando. En una indicación el animal estaba en la cama y yo como una buena perrita con las piernas abiertas ofreciendo mi sexo al macho en celo que se saciaba hasta el cansancio lamiendo hasta la última gota de mis fluidos. "¡Eso Pluto! ¡Haz que esta sucia perra acabe!" —le decía. De reojo veía como hermano se masturbaba rápido y cerraba sus ojos mientras gemía como un estúpido pervertido y fisgón, perdón, es lo que era.

Mi perro se detuvo cuando estaba casi en el éxtasis. "¡Ven perro maricón!" —le decía reclamando el derecho de quedar como una hembra satisfecha. Se acercó con la intención no de seguir lamiendo sino que había algo diferente en su cara, percibía que quería algo más. Golpeaba mi vagina para que el sonido de mis fluidos lo atrajera, solo jadeaba hasta que metió sus patas entre mis caderas y empezó con el movimiento de querer acertar su miembro en mi sexo. Ahora sí yo estaba en éxtasis, por un lado quería darle lo que buscaba pero por otro lado estaba mi hermano masturbándose viendo la escena y eso me detenía. Respiré profundo y pensé: "Eres una sucia perra que debe satisfacer a su macho en celo". 

Me acomodé en cuatro mirando la puerta para ver a mi hermano y dejar que Pluto me follara. El perro olía y lamía hasta que se tomó de mis caderas con fuerza pegándose a mí y moviéndose tratando de embocar la punta de verga en mi vagina. "¡Mierda que placer!". Cuando acertó y ese pedazo de carne roja y húmeda se introducía por completo. Gemía como loca, me sentía toda una hembra. De pronto algo más se introdujo en mi interior, era como una bola que se infló. Claro, dolió pero poco a poco el dolor se convirtió en placer, Pluto se quedó quieto; hábilmente pasó una pata por sobre mí y quedamos pegados culo con culo. mi cuerpo se estremeció por completo. Mi vagina se contraía de placer y mis gemidos eran extenuantes. De pronto un grito salió de mi interior: "¿Te vas a quedar ahí parado solo masturbándote como un pervertido?". La silueta difusa de mi hermano se materializó, y con un tono de voz entre vergüenza y deseo dijo: "¿Qué quieres que haga?" —dijo. "Quiero que metas tu verga en mi boca y me llenes con tu leche". Asombrado se acerca a la cama y me ofrece su palpitante miembro, el que devoré como una maniática. El placer me tenía pérdida, sobretodo cuando Pluto dió unos tirones que lo liberó de mi sexo. Sentía como si semen salía y recorría por completo mi vagina, lo que me llevó a un orgasmo que pasará tiempo para superar. Me obsesioné en hacer que mi hermano acabara lo más pronto posible. Aceleré los movimientos de mi boca y lo tomé de desde la base masturbándolo con fuerza. Él decía entre gemidos: "Eres una perra caliente, no sabes cuántas veces soñé con esto". "Sigue chupando puta, quiero que te bebas hasta la última gota de mi semen". En eso Pluto invadió otra vez mi sexo con su lengua para probar sus fluidos mezclados con los míos, lo que me regaló otro orgasmo. 

Mi hermano temblaba hasta que me tomó del cabello y dijo: "Traga sucia perra hasta la última gota, no quiero ningún rastro de semen en mí verga". ¡Por Dios, soy una perra obediente! Mi boca y mi lengua dejaron su verga sin ningún residuo. Exhausta caí sobre la cama envuelta en placer. Mi mente tejió un universo de posibilidades para disfrutar aún más de aquel placer. Ahora espero con ansias volver de la universidad y encontrarme con Pluto o con mi hermano para volver a ser la sucia perra de ambos.


Pasiones Prohibidas ®

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