053. Chantajeada, usada pero después satisfecha


Mi nombre es Amelie, tengo 35 años y estoy casada desde hace 4 con un hombre de 50.  Le conocí recien terminada mi anterior relación, él creyó era una presa fácil, cuando me probó s calentó por ser una hembra deseada por muchos hombres con la que presumía ante sus amistades.  Para mí  era un maduro atractivo, con buen nivel económico, que satisfacía mis caprichos. Al poco tiempo quiso asegurar la relación proponiéndome matrimonio, a lo que accedí estableciendo algunas condiciones  con cierto margen de libertad para ambos, en base a la confianza, el respeto y no mentir.  Era la única manera de sobrellevar una relación por parte de dos personas liberales que habían fracasado en relaciones anteriores.

Nuesto matrimonio transcurre hasta el momento de forma satisfactoria. No puedo decir estar enamorada de mi marido, pero lo quiero y nos compenetramos lo suficiente para que la convivencia sea agradable y disfrutemos con pasión de momentos íntimos.  Aceptamos las aventuras que el otro tiene, siempre que sean con discreción ,  sin engaños y contándolas con detalle para excitarnos y disfrutarlo en pareja.
La historia que voy a  relatar ocurrió en mi primer año de matrimonio. Solía frecuentar una cafetería  cercana a mi casa, donde entraba de vez en cuando a tomar algo. Al cabo de un tiempo ya conocía a los clientes habituales, con los que me cruzaba meros saludos de cortesía. Entre ellos un caballero entrado en los 60, que vestía elegantemente. Pasaba  bastante tiempo leyendo prensa o algún libro y solía  observarme disimuladamente. Un día que llegué  cargada con algunas bolsas de compra, se ofreció a ayudarme a llevarlas a casa. Le agradecí el detalle pero le dije que no era necesario, él insistió y me vi obligada a permitir me acompañara. Ya en mi casa  entré en el ascensor y le agradecí su ayuda despidiéndole.

En los días sucesivos todo seguía en su rutina, solo que me saludaba mas cordial e incluso cruzaba alguna conversación conmigo si la proximidad lo permitía. Un día se acercó y pidió permiso para sentarse en mi mesa. "Hacía tiempo quería hablar contigo" –dijo. Me habló que desde el primer día se sintió atraído y estaba obsesionado con poseerme, disfrutar de mis atributos, gozarme una noche entera, follarme sin parar, recorrer cada centímetro de mi piel. No podía dejar de pensar en ello y estaba dispuesto a lo que fuera. Era consciente que por su edad, no tenía ningún atractivo para mí, así que solo podía ofrecerme dinero.  Me dijo pensara una cifra para permitirle satisfacer sus deseo. Me levanté ofendida pero me retuvo agrarándome del brazo. "Te conviene sentarte" –dijo. Su tono amenazante me paralizó, explicó que el día que me acompañó lo hizo para conocer detalles de mi vida: donde vivía, los nombres de mi marido y mío, con  lo que pudo encargar investigaran nuestras vidas. Así pudo conocer que en mi juventud, cuando estudiaba en la Universidad, realicé algunas actividades con una agencia de eventos y publicidad y ocasionalmente acompañaba a empresarios y ejecutivos a cenas y viajes. "Tengo información de que trabajaste de puta y eso a lo mejor lo desconoce tu marido. Solo te pido una noche conmigo y se queda entre nosotros. Toma mi tarjeta y me llamas cuando lo tengas decidido".  Es lo que me dijo. Me fuí con el miedo de que este pervertido arruinara mi vida.

Dí muchas vueltas a como salir de esa situación y acabé por rendirme a sus pretensiones. No podía arriesgarme a que mi marido conociera aquella faceta de mi vida, la única que le había ocultado, me jugaba mi matrimonio y la forma de vida cómoda y lujosa que tenía. Le llamé aceptando su propuesta. Le dejaría abusar de mí pero sin aceptar un euro y luego me dejaría en paz el resto de mi vida. Estuvo de acuerdo y quedamos en que pasaría con él la primera noche que mi marido estuviera fuera por algun viaje de negocios.

Cuando se produjo esta circunstacia le llamé. A la hora convenida llegué a su casa donde me esperaba con una mesa lujosamente montada y llena de apetitosos manjares. Tambien sobre la mesa una pequeña caja  conteniendo un regalo. "Es para tí, ábrelo a ver si te gusta" –dijo. Era un precioso collar de perlas naturales. "Es lo único que vas a llevar puesto para la cena" –sentenció. Una vez desnuda, solo ataviada con el lujoso collar, nos dispusimos a degustar los alimentos. Él tambien desnudo, solo con una corbata de moño en el cuello, me contemplaba embelesado y ensalzaba mis encantos adelantando sus intenciones para conmigo. Abrió una botella de Mohet Chandón,sirvió dos copas y brindó por la mujer mas bella. Tomé un sorbo y me pidió derramara el líquido sobre mis tetas, así lo hice y él las lamía y mamaba. Se arrodilló entre mis piernas haciéndome derramar el champagne sobre mi cuerpo que escurría deslizándose haste mi sexo donde lo bebía a lametazos.  Me metió en el coño trufas congelada que derretidas por la temperatura de mi vagina, la  lamía con sabor a chocolate. Había ya inhalado alguna raya de coca que me ofreció y no acepté. Tambien puso en mi coño algo de polvo, decía que así estaría con deseo sexual toda la noche.

Su miembro aún seguía flácido y me pidió se lo chupara para ponerlo duro. Despues de una buena estimulación se puso tieso y duro como un palo y asi la matuvo toda la noche por los efectos del viagra y la coca. Me hizo apoyarme con las tetas en la mesa y mi culo expuesto, con su cinturón me azotó las nalgas hasta ponerlas rojas y doloridas, luego untó con vaselina su miembro y mi culo, me folló sin compasión hasta que eyaculó unas gotas de semen, daba la sensación que su verga estaba dura por los efectos del viagra pero sin sensibilidad, solo era un pene duro por los efectos de la química y su disfrute era poseer a la hembra sin ningún placer físico, solo el hecho de someterla como un animal.  Se mostraba excitadísimo y agresivo. Obedecía a todos sus deseso por miedo. Me llevó a la cama y durante horas  probó todas las variantes del Kamasutra follándome en todas  las posturas posibles.  Intentaba abstraerme pero la estimulación constante  del mete y saca de aquella verga mecánica, permanentemente dura, me ocasioba orgasmos seguidos que no podía evitar. Perdí la cuenta de las corridas que sufrí a lo largo de la noche.  Estaba muerta y me dormía a intervalos, pero no tardaba en despertar con su miembro dentro machacando mi vagina, incluso parte de la noche, lo poco que dormí fue con su verga dentro.

Al amanecer desperté dolorida y con dolor de cabeza.  El tipo estaba dormido pero con su miembro en erección.  Me levanté sin hacer ruido y salí de aquella maldita casa.
Había olvidado ya el desagradable episodio, cuando al cabo de un mes una llamada suya me sobresaltó.  Volvía a exigirme otra noche de sexo y a ofrecerme un regalo valioso como en la ocasión anterior. No supe que contestar quedé en llamarle.

Daba vueltas a mi cabeza en cómo resolver de una vez por todas este chantaje. Sabía  que si aceptaba  de nuevo seguría sin darme tregua durante el tiempo que quisiera. Recordé entonces que cuando frecuentaba la noche, en tiempos en los que salía diariamente de fiestas y discotecas, conocí a un chico que trabajaba en seguridad, con el que me acosté alguna vez. Lo localicé haciendo mis averiguaciones. Había montado su propia empresa de seguridad y le iba bien. Le expliqué mi problema. ”No te preocupes mas por ese asunto, yo  arreglo el tema con ese hijo de puta" –me dijo ofuscado.
Apenas había transcurrido una semana cuando me llamó para decirme  ya no tenía que preocuparme más. "El viejo mamón ya no te volverá a molestar, le quedó claro que sí lo seguía haciendo algo muy malo podría pasarle". Salté de alegría. Me has salvado de un problema inmenso, cielo, no se cómo podré agradecértelo. "Yo si lo se, contestó y además se que te gustará  hacerlo. Cuando puedas pásate a verme" –dijo con una sonrisa perversa. Por alguna razón sentí como mí sexo palpitó y me humedecí por completo, las ganas de masturbarme se me hicieron incontrolables. Me fuí a la habitación y comencé con mí erótico recorrido y a recordar lo mucho que disfrutaba cuando me acostaba con él en pago de resguardar mí seguridad. Recordaba esas embestidas de macho jadeante y excitado; me retorcía en la cama y gemía como una puta, hasta que el placer se hizo más intenso, terminé invadida de un intenso orgasmo que me dejó temblando por completo.

Pasaron los días y fuí un día a su oficina; me vestí para la ocasión, como una verdadera puta y sin ropa imterior. Él al verme no pudo dejar de contemplar mí figura de arriba a abajo; se notaba  la lujuria en sus ojos, me mojé por completo. "Pasa, por favor perdona mis modales pero estás estupenda" –dijo sin quitar la vista de mis tetas. "Ahora entiendo porque ese viejo impotente se había obsesionado contigo" –dijo de manera lujuriosa. Como saludo nos dimos un beso apasionado y al poco rato estaba tumbada en un sofá  disfrutando de su miembro dentro de mí vagina. "¡Oh, por Zeus! ¡Follame como lo hacías antes!" –le decía entre gemidos, él respondía metiéndola con fuerza, sentía que me partiría; la verdad eso no importaba, lo que deseaba era sentirme como la sucia puta de antaño. Levantó mis caderas con fuerza y de arrodilló sobre el sofá, podía sentir que su miembro tocaba mí útero. Una delgada capa de sudor nos envolvía, estaba en las nubes y no importaba que oyeran mis alaridos en las otras oficinas del edificio, importaba que un macho estaba dando placer a una hembra deseosa. Se sentó en el sofá y como en tantas otras ocasiones terminé dándole mí culo el que se amoldó perfecto a su deliciosa verga. Ya no podía contenerme, terminé en un exquisito orgasmo y él con arañazos en sus brazos. Hasta que dejó sus tibios fluidos en mí culo; esperé a que se terminara de palpitar y salí para extraer con mí bocahasta la última gota de semen que pudiera quedar. Las horas habían pasado y debía volver, quedamos en vernos y daciarnos cada vez que fuera posible, ya fuera en su oficina o en algún motel del centro de la ciudad.

A  mi marido le expliqué había conocido un chico con el que me quería acostarme.  Me contestó que lo disfrutara y que se lo presentara un día, cosa que hice y en un par de ocasiones me cogieron entre los dos.  Estuvimos un tiempo viéndonos esporádicamente, cuando alguno de los dos necesitábamos un buen polvo.  Luego encontró una  novia y  fuimos distanciando los encuentros hasta dejar de vernos.  Otros amantes ocuparon su lugar, unos jóvenes, otros maduros, todos de paso y sin dejar huella, pero  todos me han deseado y me han permitido disfrutar de mi sexualdad y  sentirme satisfecha, como esa puta que fuí cuando estaba más joven.



Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Ufff mi señor me ace exitar mucho
    Exquisto como logra queme moje
    Sabe bien que mi concha pide mas
    Y que mis ganas son muchas necesitando mas

    ResponderEliminar
  2. Ammm interesante, un muy buen relato.
    Quizá una situación cotidiana en la vida de muchas personas.
    Eso tienen tus relatos sabes,
    Tienen detalles específicos que hacen que dependiendo la situación se logre identificar con sus personajes

    ResponderEliminar
  3. Ufff excelente relato, gracias por compartir

    ResponderEliminar

Publicar un comentario