Mi
mujer no estaba en casa y los niños estaban en el colegio, era la oportunidad
de demostrar a Sandra mi empleada quien manda en casa.
Ella
lavaba los platos, la observaba desde la puerta de la cocina, el borde de sus
nalgas se dejaba ver por el corto delantal que trae puesto. Me excita verla,
incluso pienso que ella sabe que estoy al acecho ya que levanta a un más el
delantal dejando su redondo culo a mi vista. Ver ese diminuto colaless metido
entre sus nalgas era un espectáculo digno de admirar y yo estaba en primera
fila. La sangre bombeaba rápido a mi miembro, lo que provocó una tremenda erección;
en silencio veo ese delicioso culo que se exhibe de manera descarada. Sin dame
cuenta tenía mi mano sobre mi pene e imaginaba las cosas más perversas que
cualquier mente cuerda pudiera entretejer. Insisto en decir, ella sabía que la
observaba porque de a poco comenzó a deslizar sus manos por esos firmes muslos,
subiendo a esos deliciosos glúteos, la espuma del detergente hacia más
excitante la escena; mi corazón palpita a mil por hora al ver a la puta de mi
sirvienta provocarme
Mi mano
se metió debajo de mi ropa interior, como un pervertido me comienzo a masturbar
deseando poseer ese puto culo y destrozarlo con embestidas desenfrenadas. Al borde
de eyacular me detengo y pienso en lo que pasaría si me acerco y la tomo por la
fuerza, al fin y al cabo solo sería un polvo descarado con otra más de las
empleadas que han pasado por casa. La muy puta se comienza a masturbar, sus gemidos
eran deliciosos, suaves pero candentes que invitaban a tomarla.
Me
acerco sigiloso como lo haría un lobo que acecha a la presa, la puta no estaba
para sutilezas; al llegar al lavaplatos la tomé del pelo con fuerza y apegué mi
erecto miembro a sus nalgas, tiro su cabeza hacía atrás y metí mi lengua a su
boca sin dejar que diga alguna palabra. Comenzó a mover su culo mientras
jadeaba aun con mi lengua dentro de ella. Al sacar mi lengua ella gemía como si
pidiera que la penetrara, “¿Quieres verga putita?” –le pregunté. “Desde que
llegué a trabajar con ustedes he deseado ser suya señor, úseme como usted
disponga” –me decía. Tomé uno de los cuchillos del lavaplatos y corté su
pequeño calzón y sin ninguna muestra de piedad me acomodé entre sus nalgas,
embestí salvajemente su culo haciéndola gritar por el dolor. Tomado con fuerza
de sus caderas y con movimientos bruscos la poseí; poco a poco el dolor se
trasformó en placer regalándome gemidos deliciosos.
“¡Eso
señor! ¡Así! ¡Soy su putita y estoy para complacerlo!” –me decía. Mientras taladraba
su culo le dí un par de nalgadas que aumentaban más su placer. Enredé mis dedos
en su pelo y cada vez con más fuerza le daba mi miembro por su ya dilatado
agujero, la sentía como una potranca indómita que necesitaba ser domesticada
para ser montada por un semental poco piadoso. Ella acompañaba mis embestidas
con sus movimientos propios sin dejar que mi pene se despegue de su ano. Quité
sus manos del lavaplatos y del pelo la llevé al piso. Sin decir nada se coloca
en cuatro y me ofrece culo para seguir haciendo con él a mi antojo.
Me deleitaba
ver como la circunferencia de mi pene había moldeado su ano y sin pensarlo dos
veces otra vez la penetro con fuerza, ella disfrutaba de mis embestidas al
punto de regalarme un delicioso orgasmo anal que la dejó casi sin fuerzas. Sin compasión
no me detengo, al fin y al cabo ella lo pidió. La hice ir al piso quedando
tendida; sin sacar mi pene continúo esta vez con movimientos cortos pero
intensos. “¡Qué rico señor, no se detenga. Llene el culo de esta puta sirvienta
con su leche!” –me pedía.
Me recosté
en el piso de la cocina y le dije que se montara encima pero que antes chupara
mi verga para que luego hiciera entrar mi miembro en su culo y me mostrara que
tan rico que se movía. Como una astuta boa lo engulle hasta la base, su saliva escurría
entre sus labios. Era una cerda, una sucia en la forma de comérselo, me gustaba
ver como llegaba a ahogarse al no querer sacarlo de su boca. “Eres una zorra” –le
dije. Al sacarlo iba mordiendo desde la base al glande, la sensación era
exquisita, sobre todo cuando envolvía con su lengua la punta de mi pene y después
lo volvía a tragar completo mientras me masturbaba suave.
se
subió sobre mí y me dio otra vez su culo, sus movimientos eran de una puta
experta, apretaba sus nalgas y se movía como una endemoniada. Se reclinó hacia
adelante apoyando sus manos en mi pecho, sus movimientos cambiaron de adelante
a atrás. Preso de ese agujero y ensordecido por sus gemidos que la llevaban al
abismo del orgasmo disfrutaba del placer que mi nueva putita me brindaba. Casi sin
poder aguantar más eyaculé en su interior, podía sentir como mi semen brotaba
al como un volcán que entró en erupción. Al sentir como mi pene soltaba los
borbotones de semen en su interior ella cerró los ojos y suspiro, de sus labios
casi inertes salió: “¡Gracias señor por el placer que me dio de usarme como los
machos en celo usan a su hembra!”.
Sus
piernas temblaban al intentar ponerse de pie, como pudo bajó su delantal y
cubrió sus glúteos, arregló su pelo y siguió en sus quehaceres. Otra vez me
acerqué por detrás de ella y esta vez le susurré al oído: “¡Quiero que cada vez
que estemos solos no uses nada que me impida el libre acceso a tu culo!”. “¡Si
señor!” –me respondió.
Pasiones Prohibidas
®
Ufffff que ricoo relato mi amor ...
ResponderEliminarCada línea me ha excitado
mucho mi Perverso 😋😈💋
La humedad en mi vagina no miente al leerte y sentirte
Mmmm deliciosamente bien narrado, provoca e incita a complacerse durante la lectura...
ResponderEliminarExquisito...
Cómo siempre felicitaciones y un placer leerle.